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EL REY DEL RETIRO

El país de los cedros

El país de los cedros No todos los viajes comienzan con una espectacular bronca en un avión que, si bien te impide dormir, te da más de un buen rato de risas… Aquel árabe balbuceaba en voz alta y con acento ebrio desde su entrada en el avión y, los vergonzosos macarrones con tomate, le irritaron tanto que comenzó a despotricar contra los “asistentes de vuelo”. El otro árabe del asiento de atrás sin embargó no puso objeción al manjar y tras la tercera botella de vino, pretendió un amable sueño que fue impedido por las voces del otro. Ahí estalló una muy curiosa batalla en la que el borracho nº 1 (el protestón) no abrió la boca ni un instante y se limitaba a desafiar con la mirada al borracho nº 2 (el somnoliento), que poco a poco, frase a frase, fue entrando en cólera hasta que, pasados un par de minutos, perdió por completo los papeles y soltó el primer puño. Ahí comenzó una pelea como otra nocturna cualquiera con alguna que otra ostia, empujones varios, un tumulto de gente separando y muchos gritos. Genial, vamos.

Nada más llegar a Beirut nos atendió el rico de la familia (el tio), y “su indio” nos llevó las maletas. No os conté que el motivo del viaje fue que mis buenos amigos y hermanos G, N y R, de padre libanés, acudían a visitar a sus familiares a los que no veían desde mucho tiempo atrás. Empezamos con un desayuno tempranero de una especie de pizza con perejil y especias y un yogur líquido salado, y ya no pararíamos de comer en los días que siguieron.

El tío Gilito, negociante y ex-alcalde, en adelante JOE PESCI, nos prestó un pedazo de apartamento en una colina al norte de la ciudad, que sería nuestra sede, la nevera llena y otro indio, que apodaríamos ALVIN, a nuestro servicio. Otro día acudiríamos con su superhija (BRITNEY SPEARS) con superbotas y super encorsetadas tetas, a su emplazamiento laboral desde el que seguro que las vistas permitieron contemplar las más cruentas batallas en la guerra, y donde encontramos al monito de Aladino que me hubiera gustado secuestrar, que se subía a las rodillas y restregaba cariñosamente su pequeña cabeza antes de empezar a despiojarme con tan suaves manitas.

Al contrario que en este país de andrajosos ateos y herejes, en el Líbano se da mucha importancia a LA FAMILIA, jwjw, organizada en clanes familiares que forman otros clanes religiosos de mil tipos. La situación religiosa y socio-política es realmente apasionante para el que la mira atónito desde fuera y observa cristianos maronitas, cristianos ortodoxos, ortodoxos griegos y cristianos del rito armenio. Musulmanes suníes y chiíes y, por último, un clan druso que uno no acaba de encuadrar. Ateos, laicos o agnósticos no se ven ni por un asomo en un país donde una larga guerra civil posicionó claramente en bandos a unos y otros.

La primera mañana empezaron las visitas familiares con una copiosa comida bañada en un anisete mezclado con agua y llamado Arak que abre el estómago de lo lindo y permite engullir más y más (más y más). Allí la hospitalidad tiene carácter de excesiva en ocasiones, en particular con el tema de la comida donde no permite un NO PUEDO MAS (halash) y te inflan, te hinchan, con la corta aunque muy sabrosa oferta gastronómica libanesa. Y aunque cuatro de los seis visitantes formamos parte de una magnífica Sociedad Gastronómica y estamos especialmente bien entrenados para este tipo de banquetes, fueron inevitables los dolores de tripa, los bajones de tensión y la sensación de hinchazón ...

Teníamos intención de visitar las ruinas romanas de Baalbek pero la familia nos informó que estaba tensa la situación y que mejor no ir. Así que alquilamos un conductor, que nos llevó por toda la zona norte de profundos y escarpados acantilados, cercana a la frontera siria y el valle de la Bekka, hasta el valle de los milenarios cedros que estaba sumido en una profunda niebla y que fue idóneo para perderse un rato de la compañía y escuchar el silencio.

Otra espectacular comida que acaba con un café que pone los pelos como escarpías y marcha hacia Trípoli, una ciudad mucho más pobre que la capital, y la legendaria ciudad romana de Byblos. Muy larga noche de copas, con los sobrinos de la familia, en una parte muy occidentalizada de Beirut, con sus bares de mucho lujo, sus cochazos, sus pastilleros y su gente vestida a la última. Y para terminar un taxista fan de Hezbolá que nos llevó a casa a todo meter con un casette de cánticos y consignas en árabe que cagaría a cualquier occidentalito.

Y más familiares, encantadores todos, tias, tios, sobrinos, primos, sobrinos cuartos primos sextos realmente majos.

Las HIJAS DE ZEUS, tres pequeñas princesas de origen polaco y amigas de la familia, nos tenían preparado un “día de playa”, que resultó un día en una especie de Miami Beach, con piscinas a pie de playa, tias en bikini, camareros que te traen copas, más tías, yates, césped y un montón de tías de impresión.. Y es que parece que en el Líbano el que tiene pasta tiene mucha pasta. “Que bien se lo monta a veces el capitalismo”, decía un querido amigo comunista al salir de aquel lugar.

Nos contaron que hay 4 millones de libaneses en su país y 15 millones más fuera que, con el espíritu fenicio que les caracteriza, han ido amasando enormes fortunas. Ahora con la situación de estabilidad del país van regresando, pero no tanto para reconstruir el país sino para construir mansiones y sacar más y más (más y más).

Un buen ejemplo fue el tal HARIRI, presidente del país hasta que voló por los aires recientemente, quien venido de París había reconstruido todo el Downtown de Beirut. Ahora bien, lo había reconstruido por medio de SU empresa inmobiliaria y había COMPRADO el terreno. No obstante el downtown le quedó muy chulo porque la reconstrucción se hizo siguiendo fielmente los modelos de los edificios derruidos por las bombas 10 años antes, aunque a mi personalmente me resulta irritante encontrarme un Dunkin Donuts, un Budha Bar o un McDonalds en el llamado Paris del Medio Oriente.

Y entre tanta vorágine familiar, y pese a estar muy agradecidos, echamos de menos alguna que otra ración de viaje de mochilero, el caminar y caminar entre la gente sin rumbo.. pero bueno, cuatro días no dieron para mucho más…

1 comentario

brisaenlanoche -

No imaginé que hubiera tanta diversidad en el Líbano, estoy poco puesta al día de su cultura y sus costumbres, supongo.
Un abrazo.