Güimen
En ocasiones, saturada la imaginación de palacios y princesas y bajo el espeso cobertizo que instaura el insomnio, se decia a sí mismo, haciendo uso de una cada vez más timorata y ambigua racionalidad, que tenía que parar de una santa vez de pensar en las mujeres. No es que fueran esas las únicas inversiones neuronales, pues otras muchas cosas le apasionaban tanto (quizá no más), pero si parecía cierto que últimamente cada una de sus salidas a la civilización se contaban con aforos completos y una mente en ebullición.
No podía ser - se machacaba una y otra vez -, no debía ser ni útil ni bueno, ni conducir a buen puerto distraer constantemente la atención en la contemplación de mujeres interesantes (o no) de toda clase y condición. Qué ojitos, qué ojazos o menudas tetas formaban parte de aquellos serpenteantes y volátiles pensamientos que, como el genio, con rápidez se volvían a esfumar.
Y bajo ese manto de fugacidad, aún atrapado por los cautivos ojos negros de aquella chiquita mora, se volvió a quedar profundamente dormido al son de hélices y motores.
3 comentarios
hombreorquesta -
Que felices pensamientos ;)
abrazus mr.
Pedro -
La mujer tirita -