Me gusta el furgol
A falta de biodramina, el martes me tenía recetado un complejo anestesico muy particular, por si no bastaba lo de presentarse a las 8 de la mañana en una piscina municipal, con un ridiculo gorrito.
Muñeco - Ha venido la sentencia de Las Palmas.
Mr.- Mala, ¿verdad?
Muñeco - (Asiente)
Muñeco - ¿Nos vamos a comer?
Mr.- Bien (Consciente de lo que supondría la sobremesa o 3 Jonnhy Walker con cocacola)
Ring
Mr.- ¡Coño A! ¿que pasa?
A - Llamame Papa Noel
Mr.- ¿Que pasa Papa Noel?
A - Fila 18, asiento nosecuantos. Hemos quedado en el bar heavy pegado al Bernabeu.
Mr.- (Que bien sienta eso de que se acuerden de uno)
Martes inesperado. Y asi se planta uno en un estadio lleno de almas enfervorizadas (yo una más, no nos engañemos), con la sangre caliente de tanto whisky y la mente calienturienta por la mariahuana casera de N, frotandonos las manos para aplacar el frio y la emoción. Toda una experiencia entre nervios, el fervor de la gente que te arrastra a llamar hijodeputa a ese señor de negro, a gritar, aplaudir o emocionarte con la clase que tiene el francés.
Un joven nórdico a mi derecha, aprendiendo castellano (Arbitro! Me cago en tus padres) y un señor vallecano de cara hundida, sacado de cualquiera de las antiguas peliculas de Almodovar (estricto ánimo descriptivo, nada despectivo). Oigan!, que la masa anestesia, no lo voy a descubrir yo... Y te marchas con el pasodoble, en buena lid. Ay, mi Madrid, jwjw.
A la receta se le pone fin con una cena en ALFREDO'S, ese yanqui de estilo tejano, barba blanca y sombrero, venido a España para montar un imperio de las hamburguesas, que se pasa el día en el restaurante, brandy va, brandy viene. Y el sueño llega solo.
Hoy hemos despertado con un muy bonito Madrid, plagado de nieve, que refleja luz y alegría.